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15 de noviembre de 2019
Historia de la ciudad

La historia de Sorvilán se inicia posiblemente durante los siglos X u XI, cuando ya existiera como alquería. Se estableció en esta época el sistema de riego característico de la comarca: nacimientos de agua que llenan albercas desde donde se conducen a las tierras de cultivo a través de acequias. Probablemente el cultivo del viñedo ya estuviera introducido aunque destinado a la producción de uva de mesa y pasas.
En el siglo XIV se construyó la torre fortificada de Melicena por los nazaríes, sobre otra anterior. En esta misma época los bereberes fundaron Alfornón, al norte del municipio. La rendición de los moriscos sublevados en la Alpujarra el 8 de marzo de 1500 desembocó en la creación del señorío de Torvizcón por parte de la Corona. A él perteneció Sorvilán hasta bien entrado el siglo XIX.
En 1571 comenzó la repoblación de la zona con 2.423 familias procedentes de León, Galicia, Asturias y Castilla. Una vez finalizado este proceso de repoblación comenzó la masiva roturación de tierras y la desaparición progresiva de los bosques de encinares de la zona. Se introdujo el viñedo por toda la comarca, destinado ya a la elaboración de vinos que son exportados a Jerez y Málaga.
A finales del siglo XVII el señorío pasó por vía de enlace matrimonial al conde de Cifuentes, Fernando Silva y Zapata-Portocarrero. En esa época se inicia una fase de esplendor. El cultivo del viñedo se extendía por toda la vertiente sur de la Contraviesa, hasta el mar. Las uvas de la parte alta, al ser más difícil su maduración, se destinaban a la producción de aguardiente (en Alfornón llegaron a existir cinco destilerías). Las de la vertiente media, lo que abarcaría las laderas que rodean al núcleo de Sorvilán, se destinaban a la producción de vino y a la elaboración del famoso “espíritu del vino”, exportados luego a Jerez para el encabezamiento de sus vinos. Las de la parte más baja, que corresponderían a la zona de Melicena, El Saltadero, Los Yesos y los cortijos colindantes, se destinaban a la producción de pasa que era llevada en grandes cantidades a Málaga. El cultivo de la morera también tuvo su importancia: sus hojas se transportaban a las fábricas de seda de la Alpujarra Alta, sobre todo Ugíjar.
Conforme avanza el siglo XIX la población del municipio se vió reducida a la mitad al emanciparse Polopos junto con sus futuros anejos: Portuguillos, Haza del Trigo, La Mamola, Torre de Cautor y algunos otros cortijos. La zona permaneció estable tanto económica como socialmente hasta fin de siglo, cuando la llegada de la filoxera acabó con el cultivo de la vid. Los habitantes de la zona se convirtieron en propietarios de algunas tierras que hasta este momento habían pertenecido al señorío.
Con la llegada del siglo XX comenzó la progresiva decadencia económica de la zona a pesar de que renació el cultivo del viñedo y se introdujo de forma masiva el almendro.